Dejar a tu bebé en la guardería remueve. Aunque sepas que está en buenas manos, te quedas pensando si llorará, si te echará de menos, si estará bien. Y muchas veces a ellos también les cuesta. Si estás en ese momento, lo primero: se llama ansiedad de separación, es normal, es temporal y hay formas concretas de acompañarlo.
¿Qué es la ansiedad de separación?
Hacia los 8 meses muchos bebés empiezan a protestar cuando mamá o papá se va. No es un capricho ni un paso atrás: es una señal de desarrollo. Tu bebé ya sabe que existes como persona separada de él, pero todavía no entiende que cuando te vas, vuelves. Para él, en ese momento, desapareces.
Se llama ansiedad de separación y suele coincidir justo con la etapa en la que muchos bebés empiezan la guardería. Por eso las despedidas de la mañana pueden hacerse tan duras unas semanas.
La permanencia del objeto: la pieza que le falta
Los bebés pequeños viven lo que ven. Si algo sale de su vista, para ellos deja de existir. Los psicólogos del desarrollo lo llaman permanencia del objeto: la capacidad de entender que las cosas (y las personas) siguen existiendo aunque no las veas.
Es una habilidad que se construye poco a poco durante el primer año. Y aquí está la buena noticia: se puede entrenar jugando.
El cucú-trás: el juego que entrena exactamente eso
El cucú-trás (taparte la cara, desaparecer y volver a aparecer) parece un juego tonto, pero es justo el ejercicio que necesita un bebé de esta edad: algo querido desaparece, y vuelve. Siempre vuelve.
Cada ronda del juego repite el mismo mensaje: lo que se va, regresa. Con las repeticiones, el bebé empieza a entender la idea que después aplicará a las despedidas de verdad: mamá se va, y mamá vuelve.
No hace magia. Pero le da al bebé una herramienta que empieza a entender jugando, mucho antes de poder entenderla con palabras.
El Espejo de Cucú de Lilliputiens: pensado justo para esto
Hay juguetes que llevan este juego incorporado. Es el caso del Espejo de Cucú de Lilliputiens, que viene en dos personajes: Stella, el cervatillo, y Joe, el dragón.
- Sus manos magnéticas se quedan pegadas sobre los ojos, así que el propio muñeco juega al cucú-trás: se tapa, desaparece, vuelve.
- En la barriga lleva un espejo grande, para que el bebé se descubra a sí mismo. Mirarse, reconocerse, explorar.
- Tres etiquetas esconden ilustraciones secretas que se descubren levantándolas: más juego de aparecer y desaparecer, y motricidad fina.
- Incluye una cuerda para colgarlo: de la cuna, del carro... o de la percha de la guardería.
¿Cómo usarlo en la adaptación a la guardería?
- Juega en casa unas semanas antes. Cucú-trás con el muñeco, mirarse juntos en el espejo, levantar las etiquetas. Que se convierta en algo conocido y querido.
- Llévalo a la guardería. Colgado en su perchero o en la mochila, es un pedacito de casa en un sitio nuevo. Los objetos conocidos dan seguridad en los entornos nuevos.
- Despedidas cortas y siempre con "vuelvo". Díselo aunque sea pequeño: "mamá vuelve". Un día lo entenderá, y el juego lo está preparando para eso.
No va a resolver la adaptación de un día para otro. Pero puede ayudaros a acompañarla, a tu ritmo y al suyo, con una idea que el bebé empieza a entender jugando: lo que se va, vuelve.
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